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Un buen día 🙆🏻‍♀️

Hay días, como hoy, que me despierto decidida a tener un buen día, comienzo ahora en cuarentena con mi grupo de andenes 8:30 am aprox hasta las 10:00 am. Desayuno una media mañana ligera, comparto con mi mamá y con mi hermana un poco tratando de tener la mente lo más abierta posible con ellas porque bueno, digamos que somos distintas, y la que evidentemente está mal en esta relación soy yo (eso está clarísimo). Incluso en los días que me despierto así pienso en lo mucho que las personas me aprecian, me basta con eso, (hablar de querer ya son palabras mayores).

Es super extraño el despertar así en realidad, cuando estaba en consumo, mis días no había manera de que sean positivos, y si por a o b lo eran, sería porque encontraba más pastillas para estar dopada o estaba con chispa para meterme una bomba con alcohol y música sola al medio día.

Días como hoy son los que quiero tener siempre, son los que disfruto mucho porque puedo ver con claridad y puedo corregir todos los errores que pueda, pienso que es como esos juegos que tienen el tiempo en contra verdad? Que inicia mi día 8 am y tengo aprox 12 horas para limpiar mis errores pasados con actos y tratar (en lo posible) no cometerlos más durante ese tiempo que en recuperación son 24hrs, pero para una mente tan chueca como la mía tengo que cortarla en periodos de 12 y 12 porque 24 me queda grande aún porque hasta en sueños pienso chueco aveces.

Esto de poder saber que las cosas serán mejores hoy, me tienen como se dice, con el pie en alto ante mi enfermedad. Dejar que las cosas del pasado se aferren a mi mente no me llevan a nada, ni tampoco digamos que me afectan pero lo real es que no es mi hoy y no se encuentra dentro de los 12 horas que tengo en contra (y a favor a la vez) para vivir.

Lo que más agradezco al programa es que me ha proporcionado la herramienta del tiempo presente, el cuál me permite aterrizarme en mi realidad y disfrutar de lo mucho y/o poco que tengo.

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Confianza en nosotros mismo

Si nos preguntaran cuanto es lo que confiamos en nosotros mismos y en nuestras decisiones, probablemente la respuesta (y más grande mentira) sería que mucho e incluso diríamos que somos demasiado decididos con las cosas que nos proponemos pero la verdad, es que si fuera así, hace mucho hubiéramos salido de nuestros pensamientos negativos y reiterativos que solo nos jalaron o nos jalan al hoyo una y otra vez.

Lamentablemente aún intento resolver sola mis conflictos y decidir el correcto camino para poder accionar pero de esa manera no consigo nada. Tengo que comenzar a confiar más en mi poder superior, en confiar más que en mí, en la intervención de él, y dejarlo todo a su libre disposición. A pesar de estar sumamente segura de que Él existe y esta siempre cuidándome, hay días que mi ego y autosuficiencia no me permite concebir la idea de depender de alguien. El problema es que todo esto suelo olvidarlo muy fácilmente y me cuesta aún calmar la mente. Hay algo que debemos tener claro, que sean cuales sean nuestras necesidades, la respuesta la tiene alguien más y que solos no podemos, no pudimos ni vamos a poder como me hicieron entender en Andenes.

La confianza en nosotros mismos va de la mano con todo lo anterior, porque si no confiamos en algo superior a nosotros, nuestras decisiones no tienen peso alguno para lo que queremos desarrollar en la vida. ¿Cuántos sueños hemos dejado pasar? ¿Cuántas veces hemos querido que las cosas en nuestras vidas sean distintas y no hemos hecho ni medio para que eso sea así o para generar un cambio? ¿Cuántas veces hemos dicho que dejaríamos de consumir cualquier sustancia o emoción tipo depresión ya la siguiente hora ya estábamos tirados en nuestras camas autocompadeciendonos y consumiendo? Lo que es seguro es que deseamos una vida mejor, al menos yo si quiero eso y es algo que me propongo todos los días. Tener fe en mis capacidades me hace dar cuenta que debo seguir el camino de la recuperación tal cual me lo han enseñado, rendirme ante mi poder superior y aceptar que tengo bastaaaaantes problemas con mis emociones y adicciones las cuales solo me han llevado a destruir una y otra vez mi vida, mente y mis relaciones interpersonales.

Es natural el reaccionar con cierta resistencia a esto de rendirse ante alguien o algo que creamos superior a nosotros e incluso que tengamos momentos angustiosos por no saber o identifica a que se refiere pero solo se trata en confiar, cerrar los ojos, abrir la mente y aceptar que alguien o algo tiene las riendas de nuestras vidas. Eso es lo que más me gusta de este programa, que me ha dado la capacidad de tomar decisiones por mi misma, algo que no conocía porque me dejaba llevar por lo que más me adormeciera o me hiciera sentir el dolor que al rato volvía y con más fuerza. Hoy decido confiar en alguien superior a mi, decido ser espectadora de mi vida y aceptar lo que se disponga.

Fotografía: Francisco Landazuri

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Catarsis

Según la teoría psicoanalítica de Freud, la mente humana se compone de tres elementos: el consciente, el subconsciente y el inconsciente. Él creía que la catarsis emocional desempeñaba un papel importante para el alivio de los síntomas vinculados a la angustia ya que por medio de la catarsis se explica el proceso de liberación de emociones negativas. Pongámoslo que es como una estrategia para ventilar nuestras frustraciones, los sentimientos que oxidan nuestra vida y los conflictos que enredamos en nuestras cabezas que no nos dejan avanzar.

Fotografía: Francisco Landazuri

Para nosotros, los pacientes de rehabilitación, esto de hacer catarsis (el mirar para adentro de nosotros mismos) e identificar cuáles son las emociones que nos afectan es un trabajo muy complicado porque no estamos acostumbrados a mirarnos constructivamente, a depurar las emociones toxicas, sino a todo lo contrario, mientras más de esos sentimientos tengamos, más disfrutamos de nuestra autoconmiseración.

Entregarse a la catarsis y encontrar la paz tiene que ser nuestra bandera para una recuperación diaria. Como la naturaleza, a veces las personas necesitamos de cierta limpieza interior para purificarnos por dentro y poder florecer con más fuerza ya que llega un punto en nuestras vidas donde ni nosotros mismos sabemos cómo nos sentimos, si estamos tristes, si nos sentimos enojados, decepcionados pero simplemente sabemos que estamos mal.

Hay unas declaraciones para el alma que me repito cuando siento que me debo ciertos momentos para disfrutar conmigo misma:

Querida yo:

Di lo que llevas años queriendo decir.

Haz lo que llevas años queriendo hacer.

Baila lo que llevas años queriendo bailar.

Ve a donde llevas años queriendo ir.

Un sabio dijo: “Mirar para nuestro interior primero duele, después te da rabia y termina dándote risa. Así se cierran las etapas”.

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La caída

Que difícil es reconocer las cosas que nos vienen saboteando porque estamos acostumbrados al hecho de responder lo mismo ante la misma pregunta: ¿Cómo estas? – Bien. Es cierto que puede sonar repetitivo el hecho de que cada quien está como quiere estar , pero para nosotros los adictos, siempre queremos estar en el mismo lugar, en el drama, envueltos de emociones y frustraciones, si salimos de eso es como que se nos acabara el motivo por el cual hemos venido a este mundo, a sufrir. Entonces nos encontramos con una vida nueva en la recuperación, donde todo es real, los sentimientos son reales, las personas son transparentes con el problema que las atañe sobre su vida pero son agradecidas porque pueden ver la vida con otros ojos. Evolucionaron.

Entonces llegué de Asia, de esa burbuja mágica a la que Felipe nos envía como parte del proceso de rehab para encontrarnos con nosotros mismo, realmente un lugar lleno de energía que vibra muy alto; llegué a enfrentar mi realidad, a mis amigos que beben de manera “normal”, amigos que consumen de lo prohibido legalmente, un ex enfermo obsesivo y evidente y no menos trágico, la familia.Se hace difícil poder lidiar con todo eso pero créeme, luego de Asia y de las reuniones que vine llevando en Andenes todo se hizo de una manera más sencilla, todo fue fluyendo pero, yo aún tenía mis reservas, y eso me llevó al hondo. Todo en mi vida luego de Asia era magnifico y maravilloso, mi familia había mejorado bastante, uno que otro altercado por ahí pero nada que no se solucione instantáneamente, no tenía ganas de beber, no quería incluso ver a mis amigos de toda la vida, me sentía lo suficientemente cómoda conmigo misma, eso creía yo.

De pronto, pandemia y todo al demonio, todos nos vemos restringidos de salir de nuestros hogares, la convivencia se siente pesada con los días, la ansiedad aumenta, nos comenzamos a desesperar porque para nosotros, los que somos adictos, nos cuesta estar con nosotros mismos aunque suene muy loco, no nos soportamos, al menos a mi me pasa que no aguanto mis pensamientos ni la autocrítica. Lo más rápido y fácil para salir de esto es no estar en mi realidad, la cual no acepto y que hice? consumí pastillas, mi más grande reserva, suena muy bonito decir: farmacodependiente porque me cuesta decir que soy una ADICTA, y que me pego a todo como lo que me pasó a mi. No aceptarme, no aceptar mi vida, lo que tengo que pasar por estos momentos y soy egoísta pues, me aíslo y dejo que todos los demás, las personas que me aman se queden a velar mi flaqueza ante mi apego.

Me tengo que poner alerta porque ya venía inquieta hace unos días, me sentía con demasiada ansiedad y no iba a tomar, eso lo tenia clarísimo, pero los caramelos mágicos que tengo regados por doquier en casa no dejaban de ser un antojo diario. Tengo que seguir trabajando cada no de mis pasos y avanzarlos, no quedarme en el cuarto porque lo hago en Andenes, sino también hacer los otros 8 que me faltan, sobre todo el paso quinto, Admitir ante Dios, ante nosotros mismos y ante OTRO SER HUMANO la naturaleza exacta de nuestras faltas.

Gracias a Dios que tengo una nueva oportunidad para empezar de 0, para no estancarme en el lamento desamparado que me llevaría a seguir consumiendo. Le agradezco que aún así ayer haya recaído, hoy puedo despertar sin cargo de conciencia, puedo despertarme y saber que hoy no lo a volver a hacer, pedir disculpas y demostrar con actos que el cambio para bien en mi es constante, agradezco el poder reconocerme y perdonarme.

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Hábitos pendientes de soltar

Con los días me vengo dando cuenta que tengo ciertas conductas repetitivas que no me dejan avanzar. Soy como uno de esos casetes de hace varios años atrás pero con la misma pista por ambos lados. A comparación de antes, cuando no identificaba mi comportamiento autocompasivo con el cual creía tener la libertad para hacer y deshacer según lo que me parecía que estaba bien sin importarme el atropellar y desconsiderar a las personas más próximas (mi familia), ahora que lo identifico sigo sin sentirme del todo feliz porque no entiendo que es lo que me falta para poder mejorar eso.

Les cuento un poco, en el programa de Andenes trabajé los Doce Pasos, mediante los cuales pude no solo aceptar mi problema con las sustancias, sino que también he podido dejar el pasado en el pasado y tomarlo como experiencias. Dado esto creo que necesito volver a revisar mi primer paso porque siento esos pensamientos torcidos con los días más presente que otros. Esto de buscar la sin razón me está dando vueltas en la cabeza pero prefiero por hoy no darle más vuelta a la situación sino voy a terminar utilizando mis antiguos recursos para consolarme.

Todo este tiempo ha sido muy motivador para mi el compartir con personas que también están recuperándose del consumo de sustancias y emociones, saber que es lo que les pasa cada 24 horas y como enfrentan el día a día. Gracias a ellos es que ahora puedo tener más opciones para determinar que rumbo quiero seguir, saber el que puedo enfrentarme a cualquier situación que se me presente dejando que todo fluya de la manera en que deben suceder las cosas. Sé ahora también que puedo contar con personas que entienden lo que puedo pasar y siempre están ahí a la hora que sea, claro está que tiene que ser antes de que la friegue.

Sé que todos los días tengo la oportunidad de comenzar de nuevo y con eso cierro los ojos cada noche, sabiendo que al día siguiente podré seguir detectando mis antiguos hábitos para poder erradicarlos de mi cabeza y no me dañen el alma.

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Pensar, sentir, hablar y hacer ♥️

Para escribir lo de hoy, me sirvió mucho escuchar el enfoque de una de las personas que más horizonte me dió cuando llegué a esto de la recuperación, y a quien apreció especialmente mucho por su manera de ver la vida, sobre la sincronización de estos cuatro elementos que se nos ha sido concedidos como seres humanos, el pensar, hablar, sentir y escuchar para nuestro bienestar mental. Cuando nosotros nos desarrollamos en el día a día, nos dejamos llevar por una ola de actitudes, reglas y comportamientos que de por si la sociedad, religión, padres, etcétera, etcétera nos han impuesto y desde muy pequeños nos hemos creído que debíamos seguir, que si no estábamos dentro de esa estructura ya éramos como que lo peor de esta sociedad, una persona no merecida de pertenecer “a”… Cada vez que vamos avanzando en la vida, o al menos es lo que a mi me pasó, nos encontramos con que hay muchas de estas “reglas” no nos gustan y se nos crea el paradigma del ¿Y ahora que hago?, me rebelo y punto.

Pasamos sin querer por encima de nuestros padres o familiares quienes son las personas más inmediatas a nosotros, afectándolos porque simplemente no queremos seguir esos patrones de conducta que a ellos (pobres) también les fueron inculcados. Ahora, como comentaba la persona de quien hablé al comenzar este post, la pregunta del millón… ¿Alguien nos enseño a sentir? ¿Alguien nos educa mentalmente y nuestros sentimientos?

No estoy hablando desde una perspectiva académica, sino desde la perspectiva del corazón, de ese lado que todos tenemos que nos lleva a hacer cosas porque simplemente nuestro impulso de emociones nos lleva a eso. Al menos, a mi nadie me enseñó a identificar mis emociones, llegué a un punto de mi vida donde de tanto sentir y no identificar, simplemente pensé en lo que pensamos muchos de nosotros adictos, en apagar el dolor de la manera más inmediata, suicidándonos. Efectivamente, yo no quería morir, quería simplemente apagar el dolor y, como alguna vez leí en un libro del programa (que gracias a Dios viví 🙏🏼) que sigue Andenes, si por apagar el dolor también se apagaba mi vida, era el “mal menor” que iba a conseguir, lo último que me importaba en realidad.

No hecho culpa a nadie de no poder identificar mis emociones y trabajarlas en su momento, tal vez con la simple dinámica de soltar lo que sentía en cada situación de mi vida donde me sentía conflictuada por todos los pensamientos y sentimientos torcidos todo hubiera sido aunque sea algo distinto.

Una de las herramientas que más me gusta del programa es el bajarle a los pensamientos para poder identificar mis emociones, tomar buenas decisiones al hacer algo y declararlas o decirlas como terapia de desahogo, es decir por ejemplo: Yo un día Z me levanto y ya tengo pensamientos de poco afecto a mi apariencia (ya sea que me sienta gorda o muy flaca o simplemente el que no me guste algo de mi apariencia). Yo, que pienso de manera torcida, mi primer pensamiento va a ser castigarme y no comer, el segundo va a ser el comer pero vomitar, el tercero va a ser atragantarme de todo por única vez en el día (comer de manera compulsiva). ¿Esto como me hace SENTIR? Pues de manera amarga, triste, ansiosa, deprimida y con mucha inseguridad. Al ya identificar solamente estas dos alertas ya tengo la opción de decidir e ir a buscar ayuda, en ese sentido, voy a mi grupo y lo cuento o llamo a mi consejero, padrino o amigo de recuperación (siempre es mejor que sea alguien que sepa del programa de recuperación o que haya tenido la experiencia porque alguien que no ha vivido lo que es tener adicciones o temas de conducta y emociones no va a poder orientarte) y le informo como es que me estoy sintiendo y que es lo que he pensado, pero tal cual, soy sincera transmitiendo lo que mi cabeza y corazón dice, y luego de escuchar a la otra persona, hacemos lo correcto buscando nuestra mejoría y esperando pasar la ola sin forzarnos a luchar contra ella, solo dejándonos llevar.

Ahora, aplicar esto a nuestro día a día con todo lo que hacemos, lo que involucre a nuestra recuperación y lo que no, es trabajo enorme! Pero… ¿saben una cosa? No existe algo más pleno cuando se logra porque te encuentras en armonía con todo tu ser, cuerpo y espíritu. Estoy agradecida con esta herramienta, es una de las que más practico y más me cuesta pero la que más me funciona ♥️.

Rehab en tiempos del Coronavirus

Todos los que hemos pasado por una situación de “soledad” y “vacío existencial” hemos terminado consumiendo ciertas sustancias ya sean legales o ilegales e incluso emociones las cuales, al pasar el efecto, terminábamos sintiéndonos aún peor. Ahora puedo agradecer que me doy cuenta de cada una de mis emociones y me permito sentirlas y, en consecuencia, disfrutar de esos momentos de soledad.

Fotografía: Francisco Landazuri

No puedo negar que esto de pasar 15 días encerrada con mi familia no es algo que me haga muy feliz pero comienzo a disfrutar de cada momento que antes por estar en consumo o simplemente peleando conmigo misma perdí. Aprendo incluso de todo lo malo aunque suene extraño pero así es, y lo principal para que eso me sirva es que puedo agradecer por aquello ya que me está enseñando lo que es tener la experiencia de algo que no tomaba como posible, un aislamiento por un virus.

Claro está que no estoy diciendo que porque ya tengo programa esto es sencillo y llevadero porque nada está más alejado de la realidad que eso. Me doy cuenta que me cuesta dejar de controlar mi espacio como hasta ahora vengo haciéndolo, mis tiempos, mis rutinas, mis costumbres que, a pesar de vivir con mi familia, son muy distintos a las de ellos. Dejar de controlarlo todo me cuesta, porque incluso trato de controlarme a mi inconscientemente y no permito que las cosas fluyan como es lo que se me sugiere, sino todo lo contrario, ahí aparezco yo para imponerme ante los demás…, ¿Y el resultado? Pues termino 1. Sin poder hacer que las cosas cambien a mi modo. 2. Peleando con todos en mi casa. Me toca aprender a soltar si quiero que las cosas funcionen no solo en mi casa, sino en todo lo que conlleva el giro de mi vida porque así se hace más ligero todo. Dejar de controlar, soltar esa mochila, nos hace un camino más simple de recorrer. Dejar que todo fluya y sentarnos a ser espectadores del camino de nuestra vida llena de baches y curvas (los cuales siempre hemos querido atravesarlos con todo el pie a fondo en el acelerador aun así sabiendo los resultados desastrosos que obtendríamos por nuestra imprudencia) nos permitirá disfrutar más del momento en el que nos encontramos, el presente.